No sé si te das cuenta, amor --y cabrón algunas veces-- , de que cada día que no pasamos juntos es un nuevo mundo en el que nunca sale el sol. La gravedad tiene otra ley, y me sostengo siempre entre la soledad de una cama vacía y el exterior, que tanto me salva. No esperes que te diga "quédate", porque me han dejado afónica todas esas veces que se lo dije a alguien y se fue. De la vida no sabré mucho, lo fijo casi todo como hago con la mayoria de las sonrisas, pero intuyo que tendría más sentido si estuvieses siempre aquí. Habré visto demasiadas películas de amor, quizá. La distancia sabe pegar, y además donde nos duele. Escucha gritar a mis ojos, que también saben necesitarte cuando te ven y no encuentro palabras para pedirte que te quedes, que no te alejes, que no dobles la esquina. Y es que me da miedo que seamos de usar y tirar, y que todo lo que siento pueda sentirlo cualquier otra. No quisiera brillar unos segundos y apagarme, ¿lo entiendes?, ni ser como esa colilla muerta en el cenicero que alguna vez sostuviste en tu boca. Carga el arma y dispara, corazón. Dispárame hasta que te duela también a tí y sepa que te quedas. Te prometo que no voy a gritar, ya estoy acostumbrada al dolor.

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