sábado, 25 de enero de 2014

Cuarenta y cinco minutos.


Voy a partirme el pecho para escribir esto. Así que, si quieres, aprovecha y cuélate dentro.
Que fácil sería tenerte ahí toda una vida, quizás por eso te pido doce, y quizás por eso debería pedirte unas cuantas mas. Yo por mi parte, sigo sin entender qué has visto tú en mi. Pero sea lo que sea, no dejes de mirarme así, porque tiemblo, sé que eres tú porque tiemblo, porque me imaginé besándote seis veces antes de besarte, antes de si quiera conocerte, y porque no te imaginas cuánto llegué a temer a tus labios entonces. Sé que eres tú porque existes, porque lates y me paras el corazón y lo manejas a tu antojo cuando duermes sobre mi pecho. Sé que eres tú porque desde que tú, mi único miedo son tus miedos, y te juro que ahora envidio a la niña que temía al monstruo de debajo de mi cama.
Pensar en tus dudas me tambalea la vida. Déjame sacarlas a bailar, que ya sé que no tengo ritmo, pero es que me encanta verte reír. Porque yo te hice esperar cuarenta y cinco minutos, pero tú me has tenido buscándote una vida entera. Y creo que lo justo va a ser comernos las ganas antes de que vuelva a salir el tren.
Que ganas tengo de volver a tocarte, que ganas de volver a dormir contigo, y despertarme un poquito antes, solo para verte a ti dormir. Esa imagen, esa, tú soñando y yo mirándote, se ha convertido en la página marcada de mi libro preferido. Déjame leerte un rato... O dos... O tres... O qué coño, déjame leerte cada noche.
Y es que, ¿qué es la vida sino perderla en tu espalda, para luego girarte y volverla a encontrar? Encontrarte, te aseguro que intenté no desear besarte, intenté no querer vivir en ese lunar, que poco a poco, se está convirtiendo en el centro de mi universo. Pero el viento vino, y lo sacó a bailar, y yo no pude sino ponerte la canción mas lenta, para hacer eso que algunos llaman, amor.
Ven y dame la mano, que saltar al vacío es llenarme las ganas, de tirarme contigo. Y es que has venido sacudiendo mis mañanas, llevándote por delante todo lo que miren tus ojos marrones.
Pero eso es otro tema, como sentir que me sobran cinco sentidos para sentirte, porque, joder, aún no se ha inventado la manera de contemplarte, así como tampoco existen palabras para describirte. Esto solo es un intento, porque te estoy escribiendo esto mirando una fotografía tuya, y aún así, cómo hablar de tu cuello, de ese perfecto acantilado por el que saltar de la mano. Cómo hablar del espacio que separa tu lóbulo de la oreja de tu clavícula, y cómo explicar que dedicaría el resto de mi vida, a besar ese abismo.
Cómo voy a explicar el color de tus ojos, si hasta los mares lo utilizan para sentirte cerca. Cómo voy a explicar el terciopelo de tu piel, la longitud de tus pestañas, y la manera en la que apagaste el despertador, o esa otra en que lo retrasaste, cinco minutos mas, y me besaste. 
Y fueron de repente los cinco minutos más bonitos de toda la historia. Y fuiste de repente mi lugar preferido de todo el mundo. Eres, mi lugar preferido, donde quedarme a vivir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario